En cuatro paredes de una habitación he dejado: Las lágrimas (que jamás volveré a derramar por ti), el entusiasmo de que todo se puede arreglar, la felicidad al estar a tu lado, la calma de saber que podíamos decir una vez más, la paciencia al tratar de ver el futuro que nunca llega, el coraje, la tristeza, los golpes, los gritos, las mentiras, la inocencia, el cariño, el reclamo, el odio, las peleas, los besos, las rizas, el tiempo…
Dejar todo en un mismo lugar cuesta mucho, pero lo que más duele son los espacios en blanco…